Los juicios III

Cómo se consigue que su señoría perciba las contradicciones de los testigos en los juicios. Aquí se presenta el problema. En cuanto un testigo manifieste algo que entra en oposición con lo que ha dicho cualquier otro testigo o imputado o denunciante, el público o nuestros mismos clientes, quieren que saltemos raudos a repreguntar a ese testigo para “machacar” su credibilidad y los hechos que se narran y nos son contrarios. ¿Pero qué es mejor, atacar al testigo y repreguntarle y dejar bien claro y que se oiga bien en toda la sala que ese testigo ha dicho algo que no es exactamente lo que han dicho otros? Pero dándole lugar a que desarrolle la pregunta (su respuesta en este caso) y que deshaga la contradicción explicando el porqué lo que dice él no es exactamente igual a lo que dice algún otro pero perfectamente compatible. O apuntar esa contradicción y al final en el informe final, en las alegaciones, recordar por si no se acuerda o señalar por si el juez  no se había dado cuenta de dicha contradicción.

Pues la respuesta desde luego no es fácil, pues nuestro cliente no va a entender fácilmente que no  nos pongamos hechos un basilisco cuando los testigos afirman cosas no exactamente concordantes y lo dejemos caso para el final y lo digamos en un discurso rollo y monocorde.

Es más, imaginemos en los juicios en que claramente tenemos todas las de perder y optamos por hacer ver la discordancia de las testificales en el informe final, que creo que es lo más acertado en muchas ocasiones, pues que cuando recibamos la sentencia y condenen a nuestro cliente, éste pensará que es culpa de su letrado que no fue agresivo en cuanto a los testigos, cuando en realidad hizo lo mejor para los intereses de su cliente.

No es infrecuente ver a letrados exhibiéndose en estos momentos cuando saben que lo que están haciendo no es lo mejor de cara a la sentencia pero deben justificarse de cara a su cliente.