Los detenidos por la desaparición de ‘El Nene’ puestos en libertad

El pasado domingo 3 de agosto desapareció Mohammed El Ouazani -uno de los más famosos traficantes de hachís del Estrecho de Gibraltar, apodado ‘El Nene’- cuando navegaba con su embarcación en el estrecho. Tanto su mujer como sus amigos afirman que desapareció a causa de un tiroteo en aguas marroquíes, a un kilómetro de la costa. En Ceuta, el Juzgado de Instrucción 1 ha puesto en libertad a los cuatro sospechosos por haber tiroteado al narcotraficante, dado que el juez estimó que los hechos acontecieron en aguas marroquíes, dictando pues un auto en pro de la Audiencia Nacional, inhibiéndose del caso. Por su parte, Marruecos ha empezado ya las investigaciones en torno a la figura de ‘El Nene’, no descartando la posibilidad de que la desaparición fuera simulada, dado que ya intentó fingir su propia muerte, según afirman fuentes de la policía. Sin embargo, Morad Mohamed, testigo de los hechos, afirma que fue Sofian Ahmed Barrak, ‘Zocato’- un rival personal de ‘El Nene’- quien se encargó de disparar a Mohammed. ‘El Nene’ tiene un largo historial judicial tanto en España como Marruecos, lo que hace difícil explicar cómo han de funcionar los procesos por los cuales el narcotraficante seguía en libertad hasta su desaparición. En 2004, se le sentenció a 8 años de cárcel en Marruecos, pero en una de sus salidas, llegó a España, se renovó el DNI y volvió a Ceuta, donde fue arrestado en 2008, lo que dio lugar a una larga guerra judicial para parar su extradición a Marruecos, que llegó hasta el propio Tribunal de Estrasburgo. Sin embargo, Mohammed no ganó ninguno de los recursos y fue devuelto a Marruecos en 2009. Cumplió su condena en 2012, y desde entonces ha intentó no llamar la atención de las autoridades. La frecuencia y la facilidad con la que este narcotraficante ha evadido tanto a autoridades como responsabilidades legales dan, en mi opinión, lugar a la reflexión. Un sistema judicial por el que un delincuente de su talle puede continuar su actividad de manera reiterada, sin apenas consecuencias, es un sistema ineficaz. Es un sistema que no cumple una de sus funciones más básicas: evitar la reincidencia, cesar la actividad delictiva. Además, hemos de tener en cuenta que este no es el primer caso en que un delincuente como este es capaz de reincidir. Podemos remitirnos a numerosos casos de narcotráfico con penas insignificantes para los culpables, que por otro lado son a veces capaces de llevar el negocio desde la cárcel. Sin cuestionar la profesionalidad de los funcionarios, atribuyo pues el problema a facetas inextricables de la ley española y marroquí que permiten estos casos. Una burocracia arcaica, obsoleta; unas medidas cautelares que brillan por su ausencia y un aparente divorcio entre poder judicial y ejecutivo hacen que la reincidencia sea la norma y no la excepción. Asimismo, el barómetro de junio de 2014 del CIS muestra que, aun estando en su valor más bajo del 2014, la inseguridad ciudadana es un problema que viene agravado por esta ausencia de medidas efectivas, y que los españoles perciben con la misma o mayor severidad que la situación de la vivienda y las subidas del IVA, problemas habitualmente presentes en la conciencia pública.

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