Robo con violencia e intimidación


            ROBO CON VIOLENCIA O INTIMIDACiÓN

Se encuentra en nuestro Código definido en el art 237 junto con eI robo con fuerza en las cosas (véase “robo con fuerza en las cosas”),  y la pena correspondiente se encuentra  en el artículo 242 del Código Penal que establece: “El culpable de robo con violencia o intimidación en las personas será castigado con la pena de prisión de dos a cinco años, sin perjuicio de la que pudiera corresponder a los actos de violencia física que realizase”.  En el que encontramos

a).- Tipo delictivo básico

b).- Tipo delictivo agravado

c).- Tipo delictivo atenuado.

A). Tipo delictivo básico de robo con violencia o intimidación.

Lo mejor será aproximarnos primero a qué se entiende por violencia y por intimidación

Por violencia debemos entender toda acción o fuerza que se realiza sobre una persona para vencer la resistencia natural que oponga a la desposesión de su bien. La violencia ha de ejercerse sobre la misma persona que tiene la cosa de la que el autor se pretende apoderar. Si la violencia se ejerce sobre otra persona para obligarle a que la entregue, sería intimidación. La violencia tiene que tener una mínima entidad para que tenga eficacia sobre el sujeto pasivo (por ejemplo, tortazos, empujones, puñetazos), pero no necesita el empleo de armas u otros objetos o medios físicos. No es necesario que al sujeto pasivo se le produzcan lesiones. Es más si se le producen lesiones  ya no estaríamos sólo ante la comisión de un  delito de robo con violencia sino que también se habría cometido la infracción penal que correspondiese a las lesiones (véase “Lesiones”), ya fuera  como delito ya como falta (véase “Faltas”).

La intimidación es la amenaza de producir  de un mal inmediato, personal, real, creíble (por lo que de be ser posible el cumplimiento de la amenaza),  personal y que despierte o inspire en la víctima miedo, angustia o desasosiego ante la posibilidad de padecer de un daño real o imaginario. La intimidación no requiere el empleo de medios físicos u objetos como armas blancas o de fuego. Basta que sea verbal o incluso gestual (por ejemplo pasarse el autor el dedo índice por el cuello indicando que le corta el cuello) y en todo caso idónea para despertar ese sentimiento.

La intimidación basta con que sea la necesaria para doblegar al sujeto pasivo de acuerdo a sus circunstancias (de edad, influenciabilidad, etc.). La jurisprudencia considera como intimidación, matizadamente y en supuestos especialmente intensos, la llamada intimidación implícita, es decir, aquella en la que la amenaza se produce no por palabras o gestos sino por la situación de superioridad numérica e “intimidante” de personas, normalmente acompañada de otras circunstancias coadyuvantes (lugar aislado, de noche, etc.), que se aprovecha para exigir dinero por alguna de estas personas.

Para que esta violencia o intimidación  eleve la apropiación a robo con violencia o intimidación, tiene darse una relación de causalidad entre la intimidación y la entrega del bien o apoderamiento por parte del autor, lo destacable es que en este caso, no es necesario que, como ocurre con la fuerza en las cosas en el robo con fuerza en las cosas, la violencia o intimidación deba concurrir antes del apoderamiento y para el apoderamiento. Basta con que concurra incluso exteriormente siempre que sea antes de consumarse el delito. Y dado que el delito se consuma con la posibilidad, aunque hipotética, de poder disponer el autor de los objetos apoderados (aunque en realidad no haya dispuesto de ellos, por ejemplo si el autor es perseguido por el propietario y en un momento su perseguidor le pierde de vista pudiendo esconder la cosa sustraída, o entregada a un tercero, aunque no lo haya hecho, la apropiación estaría consumada), si la violencia o la intimidación concurre después de apoderada la cosa, y para poder consumada, el hecho sería robo con violencia o intimidación.