La conformidad prestada con violencia e intimidación

 “Hay violencia cuando para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza irresistible” artículo 1.267 del Código Civil.

Por lo que en todos aquellos casos que se utilizara violencia física, tan potente que la voluntad de la persona que realiza la declaración quede sustituida por la de quién ejerce la violencia, así como en los casos de coacción psíquica. 

La intimidación: “inspirar a uno de los contratantes el temor racional y fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona y bienes, o en la persona o bienes del cónyuge, descendientes o ascendientes”. Para calificarla, “ha  atenderse a la edad y condición de la persona”,  debiendo tener en cuenta que “el temor a desagradar a la personas a las que se debe sumisión y respeto, no anulará el contrato”. Aunque el Código civil no lo explicite, la amenaza intimidatoria ha de ser injusta, ya que en el caso de que la amenaza se reduzca al posible ejercicio de un derecho, no se estará llevando a cabo intimidación alguna.

Si bien en el negocio jurídico celebrado bajo la violencia física absoluta no hay realmente voluntad y en el caso de intimidación ésta se encuentra sólo  viciada, el Código Civil dispone la misma consecuencia para ambos supuestos: los contrato celebrados bajo la  violencia o intimidación serán anulables aunque se hayan empleado “por un tercero que no intervenga en el contrato” (artículo 1.268 del Código Civil).

En lo concerniente al matrimonio, el artículo 73 del Código Civil establece que será nulo el contraído por coacción o miedo grave, y el artículo 673 que será nulo el testamento otorgado con violencia. Aquí se puede incluir el debatido miedo reverencial, hacia los padres, sobre todo.