El juicio rápido


Perdí el juicio rápido.

Esa fue mi sensación; que lo iba perdiendo poco a poco.
El asunto comenzó con una llamada de un compañero, que estando de guardia toco asistir a una victima de malos tratos en el ámbito familiar. Además había una testigo ! que lo había visto todo! y en  estos casos no suele hacer falta ningún testigo pues la corriente va a favor.
No podía porque esa misma mañana tenía que hacer unas gestiones con un cliente, pero a eso a el si le daba tiempo por lo que intercambiamos tareas.

A la mañana siguiente fui tempranito al Juzgado, que se encuentra en un pueblo, bonito  con historia y tradición casi tanta como la de la capital, pero ahora convertido en ciudad dormitorio.
Había que acudir pronto, pues aunque el juicio rápido estaba señalado a las 10:00, debía instruirme en el caso. Al haber un detenido no estaría nada bien que por mi culpa, esa persona pasara  un minuto de mas en el calabozo, porque el señor letrado tenga que leer la causa.
El compañero que llevaba a la parte contraria también llego a las 9:30.
Efectivamente como me había indicado el compañero al que sustituía se trataba de un asunto de malos tratos en el ámbito familiar y así lo ponía en la carpetilla de cartulina que utilizan los juzgados para organizar la documentación; en la portada decía: asunto: malos tratos en el ámbito familiar.
No había más abogados en el juzgado, un Juzgado enorme, como pocos se ven, no por otra cosa, sino porque en el centro del juzgado separando las mesas de las cinco funcionarias que allí trabajaban, el espacio era realmente amplio, lo puedo comparar con medio campo de tenis con sus pasillos de dobles, pues como digo, no había más abogados ni dentro ni fuera del Juzgado que nosotros. Tampoco había “publico” (lo llamo así porque en el único cartel que colgaba de la puerta del Juzgado indicaba: horario de atención al público: y no recuerdo bien las horas, pero me choca que a los que tienen que acudir a un juzgado se les denomine público.
Todo daba señales de que el uní o juicio que se celebraría ese día en ese juzgado era el “nuestro”. Cuando faltaban pocos minutos para las diez de la mañana apareció la parte denunciante, esto es mi defendida, acompañada de su testigo.
Tras saludarnos y preguntarle acerca de ciertos detalles, comencé a darme cuenta que el asunto no es lo que parecía. Tenía más aspecto de que acudíamos a un juicio de faltas que a un juicio rápido por acoso sexual en el trabajo o que a algo que tenga nada que ver con el ámbito familiar. Sin embargo a nada que seguí preguntando, tampoco encajaba con ello. Se trataba (el denunciado) de un compañero de trabajo con el cual había quedado tres o cuatro veces al salir de trabajar, para tomar algo, un kebak o algo similar, como ella manifestó. Pero que en el trabajo nunca le molesto (quizás algo tendría que ver que la mujer del detenido trabajaba en la misma empresa y lugar que denunciante y denunciado).
La amiga que acudía como testigo, se apresuro a indicar que su amiga, la víctima, no había mantenido ninguna relación intima con el acusado, a lo que la denunciante no desmentía ni afirmaba, aunque la mire después de que su amiga manifestare lo anterior para ver si corroboraba tal extremo, aquí debo aclarar que cuando el código penal dice: cuando la víctima sea o haya sido su esposa o hubiere estado ligado por relación de análoga naturaleza, es un concepto al que no se llega con haber quedado después de trabajar en dos o tres ocasiones a cenar en un lugar de  comida rápida, pues si fuera así este país estaría “cuajadito” de parejas. Tampoco se da la figura de acoso sexual en el trabajo por lo antes comentado, porque solo nos quedaba la falta o delito de amenazas.

Continuó con la declaración <<
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