ABOGADOS en Madrid | Especialistas en juicios, recursos | Pagina Oficial

Letrado criminalista, jurista especializado en procedimientos penales, laborales, de familia, por peleas, riñas, daños, lesiones

en los calabozos

La versión que daban pues Miguel y la mujer era más verosímil.

Miguel en todo momento además de una extraordinaria educación insistía que el no mentía que decía la verdad, y lo decía con orgullo, como si esa persona que había tocado fondo, que nada de nada tenía, ni salud, ni aprecios, lo único que le quedaba era su sinceridad como valor, su sinceridad en circunstancias difíciles, eso nadie podría arrebatárselo. Quizás se le hizo más evidente, y por ello presumía aun mas de su bien más preciado, la sinceridad, pues al pasar la noche y parte de la mañana con delincuentes – unos más que otros- que traman en esa reunión obligada en los calabozos colectivos, y unos se cuentan a otros las tretas y engaños que conocen, de las que han oído hablar, – que si una vez me dijo un abogado … que si tengo un amigo que en una situación similar dijo tal cosa,

Por todo ello presumía de que el contaba la verdad y su verdad la manifestaba con vehemencia pero respeto, incluso con un gracejo más propio de los andaluces que de un carabanchelero consumido por las drogas. Nada de lo que decía se podría rebatir sin darse cuenta quien lo hiciera que sería estirar la cuerda hasta equilibrios imposibles.

Pasaban las horas y no llamaban a declarar al detenido. Hasta que ya cerca de las tres de la tarde me comunican que su señoría ha decido dejar la declaración para la tarde. De verdad que lo sentí pues eso suponía que estaría alrededor de otras cuatro horas privado de libertad en el calabozo. Lo único que se me ocurrió para aliviar un poco la situación fue solicitar un par de entrevistas más en los locutorios destinado para ello, así Miguel saldría un par de veces de donde estaba, un par de paseitos, cambio de iluminación, una voz amable, poco mas podía hacer. Y eso que los locutorios son realmente inhóspitos. En las dependencias que en general no están mal, los empelados que son un modelo, pues pasando como pasan por allí todos los días un montón de personas, muchas de ellas – también hay que decirlo- que no son buena gente, con falta de educación y respeto, pues como decía, son funcionarios extraordinarios que dan un trato amable y comprensivo a los detenidos. Pero los locutorios… Son tal y como uno se imagina los de una prisión turca o el país más pobre que dejara la antigua URSS. creo que el motivo puede ser que es un habitáculo en el que no entran ni jueces ni fiscales o secretarios judiciales, que son lis que tienen peso en los juzgados.
Cuando me reuní en ese par de ocasiones con mi defendido, no digo que no pensara el que yo era un poquito lerdo, pues las preguntas no tenían demasiado contenido y no le explique que era para que se paseara, aun así siempre me daba las gracias por la atención que le mostraba.

Por fin llego la hora de declarar ante su señoría, el tenía ganas no solo por salir del calabozo, pues tampoco se le veía demasiado incomodo allí, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta que allí le dieron de comer, estaba al resguardo en un día ventoso frío y desapacible de primeros de abril, y tenía compañía y motivos de tertulia – cada uno cuenta su historia- lo dicho, no creo que sus ganas de declarar fueran solo por quedar en libertad y quedar en la calle desamparado sino sobre todo: contar SU VERDAD a un grupo de personas que estaban allí para oirla.
Al entrar en la salita de “vistillas” desde luego nada hacía pensar en su aspecto y  olor que pudiera articular un discurso mínimamente coherente.
Sin embargo tras un tímido:
- puedo hablar?
Tras la primera pregunta un tanto socarrona de su señoría, comenzó y fue adquiriendo seguridad según hablaba, tan solo cuando se le escapaba el aire por no tener dientes delanteros recordaba en su discurso su situación personal.

Con la firmeza de quien cuenta convencido su verdad, y con educación. Por ello no pude no pensar como seria Miguel antes de ser atrapado por las drogas.
Miguel es pelirrojo, de un rojo suave, pecoso, con la nariz chata y redonda. Por la “cultura” televisiva que hemos adquirido, seguro que Miguel de muy joven parecería un muchacho pícaro despierto y listo de las películas de Oliver Twist, pero de origen irlandés (lo que tiene que casi todo el cine que haya visto sea estadounidense).

Termino su “alegato” satisfecho. La juez fue poco expresiva, le indico que quedaría en libertad y a otra cosa.
Miguel dio las gracias y abandono la sala. Nos despedimos, me dio la mano a pesar de los esfuerzos (espero que bien disimulados) que hice porque eso no se produjera.
Seguramente la juez reputara los hechos como falta y se sustancian por el adecuado juicio de faltas, lo que será una nueva oportunidad de hacerse escuchar.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 11.848 seguidores

%d personas les gusta esto: